Una buena pregunta
Una buena pregunta…
no una pregunta elegante o acertada,
no una pregunta retórica diseñada para dar pie de entrada a un desenlace predeterminado…
una buena pregunta…
no se enrosca sobre si misma buscando tomarse las medidas del ombligo.
Una buena pregunta arriesga el anodino pellejo y,
en un acto de tensión dinámica que amenaza romperle la columna,
da un salto que la consume y rebasa
y así es como sale proyectada desde el interior de su pecera.
Allá arriba,
el vacío se encargaría de asfixiarla sino fuera por la ley de gravedad,
benigno villano cuyas vejaciones paternales nos corrigen desde el día inaugural
en que se forzó ritualmente la primera cerradura
(¿se forzó hacia adentro o se forzó hacia fuera?
Buena pregunta…
pero Jano es un dos caras de quién no se puede esperar una buena respuesta).
La fotografía de Roberto Ortiz (sombría, parca, silente, basada en un opresivo sentido de inmovilidad y en una feroz y “temible simetría”) articula una serie de buenas preguntas. Eso es lo que es. Sus personajes son asientos, árboles, postes, lámparas, habitaciones… harto más honestos y expresivos que el mejor actor. No se trata de estudios atmosféricos… no son escenarios que sugieren una posible historia. Los escenarios mismos, aunque vacíos, son manifestación de una extraña presencia. Hay algo latente sin duda, pero no son posibles viñetas narrativas… Hay una potente invocación aquí, algo terrible e inimaginable está a punto de suceder o jamás suceder. La evidencia de esto está en los objetos… cuya siniestra vitalidad apenas oculta y contenida, desmiente sus nombres y funciones habituales. No hay bagatelas en este cuarto (las marionetas de carne y hueso han sido escrupulosamente omitidas), y ese asiento donde usted descansa es el guardián de un misterio que jamás le será revelado… Ese asiento-obelisco, parece sugerir la imagen, estaba aquí antes de que usted entrara por la puerta, y estará aquí mucho después de que usted haya desaparecido. ¿Agudísima paranoia o un muy preciso sentido de los enigmas elementales que nos contemplan sardónicamente desde el otro lado de la mesa? Usted juegue a responder preguntas… el asiento, feroz esfinge, sabrá hacer un bello taburete con sus huesos.
Eduardo Padilla